jueves, agosto 28, 2008

(mi cocina)

Los límites de la interpretación

El domingo pasado, en Bogotá, un comerciante descendió de su camioneta Ford Explorer sin aplicar el freno de mano. Un transeúnte se dio cuenta de que la camioneta se estaba rodando e intentó evitar un accidente. Pensando que se trataba de un ladrón, el comerciante le disparó, hiriéndolo en el hombro. Una segunda bala mató a un profesor universitario que pasaba por allí.

Las editoriales de hoy de los dos principales diarios colombianos se ocupan de este lamentable incidente. A manera de ejercicio de lectura, propongo comparar la manera como los editorialistas abordan el problema.

Para el editorialista del Espectador, la muerte del profesor constituye la prueba de que el país debe avanzar hacia una regulación radical del porte de armas. En cambio, para el editorialista del Tiempo, este homicidio demostraría que la seguridad en Bogotá se ha deteriorado por culpa del alcalde Samuel Moreno.

El editorialista del Tiempo está dispuesto a forzar los hechos hasta imponerles una interpretación acorde con los intereses políticos de la familia Santos. Viví durante mucho tiempo en Bogotá y sé que (independientemente de si Moreno se ha desempeñado bien en su cargo o no) las balas perdidas no son ninguna novedad. Colombia ha sido siempre un país demencial y violento.

No pretendo defender a Samuel Moreno sino contestar la posición del Tiempo. Resulta evidente que este diario ha emprendido una campaña de mala prensa contra Bogotá y su alcalde. Campaña que reproduce la postura hostil del gobierno con respecto a la oposición política, que le hace eco a las rencillas del Ministro de Defensa y que refleja las aspiraciones políticas de la familia Santos.

Por un lado, El Tiempo alimenta el optimismo y el orgullo nacional (especies de drogas huxleyanas). Se insiste en que, a pesar de los escándalos políticos, el país va bien. Cada tanto, se publican estadísticas e informes que pretenden convencernos de que el pueblo colombiano es el más feliz del mundo. Pero ¡oh sorpresa! Ese estado de bienestar general disminuye al llegar a Bogotá. Según El Tiempo: Babilonia en la cual reina el caos y la delincuencia.

Nietzsche decía que no hay hechos sino sólo interpretaciones. En vista de que El Tiempo nos ha acostumbrado a las interpretaciones aventuradas, yo propongo la mía: Los problemas de Bogotá se deben a que en su centro, en su punto neurálgico, queda la casa de Nari[ño], lugar de peregrinación de narcos y asesinos.

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