domingo, noviembre 18, 2007
Muchos personajes del gobierno de Uribe me resultan antipáticos, unos porque están involucrados en asuntos oscuros (politiquería, mafias o paramilitarismo) y otros porque pertenecen a la godarria rezandera y tradicionalista de antaño.
No obstante, en este caldo de tendencias que constituye el uribismo hay un tercer tipo de funcionarios que detesto, ya no por las razones atrás expuestas, sino porque son una suerte de mercenarios de la política, de jóvenes ejecutivos super-eficientes que ascienden en el escalafón más preocupados por su carrera personal que por el país.
Ese me parece que es el caso de Sandra Suárez, ex-consejera presidencial de asuntos internacionales, encargada de la negociación del TLC, quien desde hace 20 días trabaja para la farmacéutica Wyeth.
Ese también parece ser el caso de María Fernanda Hurtado "del Ministerio de Comercio, que durante la negociación con E.U. hizo parte de la mesa de propiedad intelectual, donde se abordó el controvertido tema de los medicamentos". Y que "desde la semana pasada, trabaja con la suiza Novartis". ¿Por qué, de repente, como señala un lector del tiempo.com, las farmacéuticas están tan interesadas en comprar las principales fichas de Colombia en la negociación del TLC?

