domingo, diciembre 24, 2006


Feliz Navidad!

La mayoría de las familias colombianas, por no decir latinoamericanas, se apresta a celebrar la navidad con una media de 27 grados centígrados a la sombra. La madre prepara las cookies y mete el pavo en el horno. El padre lleva un ridículo gorro de Papa Noel en la cabeza. Cataratas de sudor le escurren por la frente, pero no le importa. Con la excusa de la nochebuena está bebiendo desde el almuerzo y ya anda más prendido que un arbolito de navidad.

La abuela decora la casa con moños, velas, guirnaldas, cintas, etc., y todo eso lo rocía con un espray que arroja una espuma que parece nieve. Gracias a Dios, piensa la anciana, los mocosos no joderán durante la próxima media hora: están viendo concentradísimos una película de Disney. Papa Noel desciende por la chimenea con un costalado de regalos. La niña voltea a mirar las paredes: en su casa no hay chimenea y afuera, por la ventana, no cae nieve! Entonces, estalla en un berrinche demoníaco!

Haría bien el padre en pegarle un correazo, pero al llevar la mano a la cintura se acuerda que todavía tiene puesta la piyama. "Mericrismas, mericrismas", canta la abuela a coro con los enanos del televisor para consolar a la criatura. Disfrazada la casa con adornos que simulan el invierno, al unísono con el hemisferio norte, los latinoamericanos nos sentimos un poco menos tercermundistas.

Finlandia, que es el país de Santa Claus, celebra una navidad muy austera de marcado tono luterano. En estos momentos arde el fuego en las chimeneas, los pinos se mecen al viento, los trineos se deslizan sobre varios metros de nieve, los niños cantan villancicos, etc.

Hace unos días, una finlandesa me preguntó cómo era la navidad en Colombia. Yo le contesté: en Colombia compran una marrana viva. Le pegan una puñalada en el pescuezo y la cuelgan a desangrar. Cuando está toda pálida, vaciada por completo del líquido vital, la acuestan en un mesón. Y con sendo cuchillo carnicero le abren el vientre rebosado de intestinos. Jalan metros y metros de tripas. De pronto sale el estomago. Continúan jalando hasta quedar con un collar de órganos vitales entre las manos. El corazón alumbrando cual rubí.

Luego, con habilidad de taxidermista, rellenan la marrana de arroz. Echan y echan arroz hasta que el animal queda más gordo de lo que estaba antes, todo hinchado como un balón. Entonces, le cosen el vientre con suma delicadeza y a comer! Bueno, también comemos natilla que siempre me ha parecido un postre coprofílico. Los tamales que son una verdadera sorpresa: puede salir desde una muela de vaca hasta el dedo del cocinero. Sin olvidar el buñuelo grasoso: causa de innumerables infartos decembrinos. O el manjar blanco que "afloja la pomada", etc.

Y bueno, a las doce de la noche, cuando ya todo el mundo está borracho, se echan voladores y tiros al aire. PUM! PUM! PUM! Eso, sin olvidar que Colombia es el país del Mono Jojoy. Y, si nos hemos portado bien, nos pone una bomba para alumbrarnos con sus lucecitas. Colombia es el país tropical con el corazón más navideño del mundo. Con decirle que el presidente es muy devoto. Hoy, justamente, le preguntaron en un periódico qué cenaba en navidad. El respondió: "Natilla, buñuelos y manjar blanco. Y hojuelas. Y miel de azahares, que se saca de las flores de los naranjos". Qué bonito, no? Parece poesía popular.

Tuqui tuqui tuqui tuqui,
tuqui tuqui tuqui ta.
Apúrate mi burrito,
que ya vamos a llegar.


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