martes, marzo 15, 2005

Sobre el respeto y la dignidad que reclaman
nuestras tragedias


Hace unos meses fui con unos amigos de mi país a una fiesta. En la entrada, mientras nos presentaban a otros invitados, presencié la siguiente conversación:
-Cuál es tu nacionalidad?
-Colombiana.
-Ah, de la buena!
En esa ocasión el juego de palabras me hizo gracia, pero por lo general no me divierten las bromas sobre el narcotráfico. No me molesta que me recuerden la realidad colombiana, ya que lejos de buscar olvidarla mi preocupación es entederla. No me mortifica reconocer que actualmente Colombia es el primer productor mundial de cocaína, pues no me interesa proceder como esos optimistas que pretenden cambiar la situación del país negando sus problemas. Lo que me incomoda es que se asuma a la ligera el drama humano y ecológico que hay detrás de la producción de drogas en Colombia y la responsabilidad internacional en este fenómeno. Me refiero a la desigualdad entre países ricos y pobres, promovida por los acuerdos comerciales ventajosos que los primeros hacen firmar a los segundos, y que está al origen de la crisis agraria que ha llevado a nuestros campesinos a sembrar coca y amapola como única posibilidad de subsistencia. Me refiero al aumento del consumo de cocaína en Europa, a su muy baja disminución en los Estados Unidos, y a la manera cómo los consumidores del mundo financian con su dinero la guerra colombiana. Me refiero a la contradicción que implica reprimir a los países pobres productores de drogas, y, a un mismo tiempo, tolerar a los países ricos que funcionan como paraíses fiscales donde las mafias del mundo lavan su dinero. Me refiero al poco control que ciertos países ejercen sobre la exportación de los insumos químicos empleados en la producción de cocaína y heroína. Me refiero a la responsabilidad de la comunidad internacional en la fabricación y venta de armas. Quién produce los fusiles, las pistolas, las granadas y las minas antipersonales que ingresan a mí país y que son responsables de alrededor de 30 mil muertos al año? Quién se lucra con la sangre que corre en Colombia? Eso tal vez ya no les parezca tan chistoso.
En Colombia, durante los años ochentas, Pablo Escobar devaluó el valor de la vida contratando a cientos de jovenes de escasos recursos para asesinar policias, políticos, periodistas, etc. También sembró el país de bombas (hizo explotar incluso un avión en pleno vuelo) para disuadir al gobierno de firmar el acuerdo -todavía en vigencia- que autoriza la extradición de colombianos a los Estados unidos. Cuando la policía dio de baja a Escobar en 1993, los atentados y el negocio de la droga no se acabaron sino que cambiaron de manos. Esta dinámica ha sido la constante en las más de dos décadas de lucha contra el narcotráfico: los cultivos ilícitos y la producción de drogas lejos de disminuir han aumentado y se movilizan y cambian de dueño en razón de las acciones de los agentes antinarcóticos. En este sentido, dicen las Naciones Unidas en el informe "Drogas ilícitas, impacto social y opciones políticas": "Un aumento en la acción militar en operaciones de control de droga ha resultado relativamente inútil donde ha sido ensayado. Además, el impacto social y político adverso de estas estrategias es potencialmente muy grave. Mejores perspectivas serían estrategias indirectas y de largo plazo, entre las cuales educación, organización comunitaria y programas de tratamiento en los países consumidores, y progresos significativos en el desarrollo rural de los países productores". (Citado por Juan Manuel López Caballero en "Colombia: víctima de la política antidrogas", Cultivos Ilícitos en Colombia, Bogotá: Ediciones uniandinas, 2001, p. 40)
La inutilidad de la lucha contra las drogas en los términos en que ha sido concebida puede comprobarse analizando los resultados del programa de erradicación de cultivos ilícitos mediante la aspersión aérea del herbicida glifosato (Roundup). Desde hace más de veinte años el gobierno colombiano, por "recomendación" del gobierno de los Estados Unidos, viene fumigando las zonas de cultivos ilícitos y, sin embargo, éstos no han disminuido, pues, como decíamos al principio de este artículo, Colombia es en este momento el primer productor mundial de cocaína. El hecho de que el aumento de las fumigaciones corra paralelo al aumento de los cultivos ilícitos se explica por efecto del desplazamiento de las plantaciones. De este modo dice Magdalena Tavera que "la intesa campaña de fumigación aérea en el Guaviare, que alcanza las 60.920 hectáreas entre 1995 y 1997, tiene como efecto inmediato la rápida expansión en el Caquetá y Putumayo, que en 1998 se convierten en los dos principales productores" ("Cultivos ilícitos, erradicación e impacto ambiental". Cultivos Ilícitos en Colombia, p. 100-101). Los resultados de las fumigaciones han sido, en cambio, el deterioro de la salud de indígenas y campesinos, la marginación y el desplazamiento de los agricultores, la contaminación de ríos y fuentes de agua, la deforestación de los bosques, el exterminio de animales domésticos, la destrucción de cultivos legales (de cultivos de sustitución muchas veces), la amenaza de la biodiversidad (principalmente de insectos, anfibios y peces), la perturbación de los ecosistemas naturales, de esta manera, se ha documentado la aparición de plagas en las zonas que han sido fumigadas como resultado de la alteración de la cadena alimenticia (Ver: "El río de la guerra", revista Semana, 16/07/04. "Impacto de los cultivos ilícitos y las fumigaciones aéreas con glifosato sobre el medio ambiente" Cultivos Ilícitos en Colombia, p. 147), etc. Es necesario aclarar que el atentado a la naturaleza comienza con la tala de los bosques y el uso de químicos, herbicidas, plaguicidas y fungicidas por parte de los cultivadores de coca y amapola. Pero ello no justifica las fumigaciones, pues, como dice Olga L. González,"con una lógica análoga, uno sostendría que el Estado puede violar los derechos humanos porque los miembros de la sociedad están acostumbrados a hacerlo" ("Despejar las incógnitas de la fumigación", Revista Semana 18/06/04). También estamos de acuerdo con Andrés Hurtado cuando dice que "pretender solucionar el problema con glifosato es lo mismo que apagar un incendio con una explosión de dinamita. Lo apaga y acaba con todo" ("Requiem por la selva", Revista Semana 24/09/04).
Mientras en otros países impera el principio de precaución en lo referente a las cuestiones ambientales, en Colombia el gobierno y sus aliados se esfuerzan en convencer a todo el mundo de la inocuidad del glifosato: "existen dos estudios que 'lavan' los efectos de las fumigaciones, pero fueron encargados por la embajada de los Estados Unidos" ("Despejar las incógnitas de la fumigación", Revista Semana 18/06/04). Mientras en otros países se regula el uso de pesticidas hasta en los jardínes de las casas, en Colombia se esparcen en las regiones selváticas. Así, la guerra contra las drogas ha servido de pretexto para que la multinacional norteamericana Monsanto haga un negocio redondo con la venta del glifosato (Rondup): "El gigante corporativo no es un extraño en los corredores del poder en Washington. Emplea una prestigiosa firma especializada en trabajo de grupos de presión para que represente sus intereses en el Capitolio. Monsanto donó 12 mil dólares directamente a la campaña presidencial de Bush, y contribuyó a PACs (comités de acción política de la industria)". Durante las elecciones de 2000, Monsanto gastó 74.000 dólares en campañas parlamentarias, la mayor parte de republicanos" (Ver "Monsanto y la guerra de las drogas en Colombia", Revista Semana 28/08/01). Es deplorable que Monsanto se aproveche de la ausencia de leyes ambientales en Colombia, y en América Latina en general, para darle salida a sus productos (venenos y semillas transgénicas) que día a día pierden mercado en los países desarrollados. Pero más deplorable aún es que el gobierno subordine la salud de los colombianos y la integridad de nuestro patrimonio biológico a los intereses norteamericanos. Sabemos que no va a haber un cambio en este sentido, y eso quedó claro, hace año y medio, con el nombramiento de Sandra Suárez, antigua responsable de las fumigaciones con glifosato dentro del marco del Plan Colombia, como ministra del Medio Ambiente. Desde esta cartera, Suárez se ha dedicado a obviar el tema de las fumigaciones, y sólo se ha referido al respecto cuando la opinión pública colombiana y la comunidad internacional protestaron contra el proyecto de fumigación de los parques naturales en marzo del año pasado. En esa ocasión se demostró que protestar si genera resultados, y que, por lo tanto, tenemos que seguir presionando al gobierno y sensibilizando a la opinión publica nacional e internacional para que el ruido de la actualidad no condene al olvido la defensa de nuestros intereses.
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Mientras en Colombia las avionetas de la policia siguen pulverisando glifosato, en Francia Le Collectif Vietnam Dioxine insiste en la busqueda de una reparación a las víctimas de la guerra de Vietnam. Traduzco un folleto que hicieron circular en una velada norteamericana organizada por la embajada de los Estados Unidos en la alcaldia del tercer distrito de París: "Entre 1961 y 1971, el ejército americano vertió 83 millones de litros de herbicidas y de defoliantes en Vietnam, Camboya y Laos. Dos tercios de estos productos químicos, entre los cuales el Agente Naranja, contenían la DIOXINA, una sustancia extremadamente tóxica que provoca cánceres y malformaciones, y atenta contra el sistema inmunitario, nervioso y reproductivo. En 2004, 200.000 niños nacieron con malformaciones y más de un millón de personas sufren todavía de enfermedades y de limitaciones físicas atribuidas al Agente Naranja. Ni el gobierno americano, ni las principales organizaciones internacionales, ni los fabricantes del Agente Naranja se deciden a ayudar masivamente a las víctimas de un atentado cometido hace 30 años. Frente al silencio, el sufrimiento, la miseria y la exclusión de estas familias, ciudadanos y asociaciones del mundo entero nos mobilizamos a través de esta campaña internacional para exigir que una asistencia medica y social sea proporcionada urgentemente a las poblaciones más afectadas; y para apoyar la demanda interpuesta en enero de 2004 por la Asociación de las víctimas vietnamitas contra los fabricantes del Agente Naranja: DOW CHEMICAL y MONSANTO. Porque hoy como ayer, no olvidamos que los lobbys industriales están dispuestos a sacrificar a millones de personas sin ninguna compación. Porque ayudar a las víctimas de las guerras pasadas es una garantia de paz y de porvenir".
Links:
1. INSUMOS QUíMICOS UTILIZADOS EN LA PRODUCCIóN DE COCAíNA:
"Orígen de los precursores químicos para la producción de cocaína y heroína" (Plan Colombia y Apoyo de Estados Unidos para la Democracia, la Paz, y la Prosperidad en Colombia. Embajada de Colombia en Washington 8/24/01).
"Control precursores químicos" (Ministerio de la Defensa. Colombia).
2. IMPACTO SOBRE EL MEDIO AMBIENTE Y LA POBLACIóN:
Mama Coca (página importante sobre coca y fumigaciones).
LOS CULTIVOS ILÍCITOS EN COLOMBIA (Dirección Nacional de Estupefacientes. Colombia, 2004). Comentario: Artículo amañado que se extiende hablando del impacto de los cultivos ilícitos sobre los ecosistemas naturales, pero que no dice ni "mu" de las fumigaciones con glifosato.
Antonio Caballero: "La droga otra vez", Revista Semana 16/04/04.
3. CRíTICA DE LA POLíTICA ANTI-DROGAS:
Daniel Leal: "Paños de agua tibia", Revista Semana 10/03/05.
________ "Discusión bizantina", Revista Semana 14/02/05.
4. TRáFICO DE DROGAS:
Géopolitique des drogues. Alain Labrousse (20/06/00).
Reseña del libro: Géopolitique de drogues. París: PUF, 2004.
Los jinetes de la cocaína. Fabio Castillo.
El Holocausto Colombiano. Nicolás Zea.

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