EL TRIUNFO DE LA VIDA
A través de los cristales se ve un cielo pesado y gris que se desata contra los árboles y la ciudad, la lluvia congelada que golpea con sus huesos la ventana, y el espectáculo de la precariedad humana. En mi piso hay una niña rusa, no mi vecina sino otra un cuarto más allá, que todas las noches tose como si estuvieramos en Auschwitz. Durante los meses de frío, los mendigos y los locos que deambulan por la ciudad se refugian en el subterráneo, y entonces París -la elegante- se torna sórdida. Manadas de hombres prehistóricos se sientan en los muelles de los túneles a emborracharse y a discutir con las sombras; y, como hace poco un enfermo mental empujó a un pasajero que fue arrollado por el metro, la gente los mira con miedo. En todos lados las personas tosen, estornudan y se suenan. La helada hace doler la cara, la falta de luz baja el ánimo, y ya hasta los parisinos no ven la hora de que llegue la primavera. Si el verano es la época de las comedias, el invierno es el de las tragedias. Esta atmosfera lúgubre, esta fragilidad de la vida que conduce a ciertas personas al recogimiento, a otras las arroja a los rieles del metro o al fondo de los abismos, cuando no las eleva al vértigo de los excesos o a las alturas de la soga. Pocos se vuelan la tapa de los sesos, pues el acceso a las armas es restringido. De este clima emocional no registrado en los pronósticos metereológicos dan cuenta los titulares de los periódicos y los altaparlantes del subterráneo, que anuncian con frecuencia la perturbación de las lineas debido a un "
accident de personne", que es el eufemismo que describe la situación de los que se tiran a esperar el metro y la muerte a un mismo tiempo. (El que no esté contento con la vida mejor que no venga a París: es tan fácil matarse! Basta con dar un paso. Por eso los conductores del metro se acercan a los muelles, cual sicólogos, tratando de interpretar la desdicha en los rostros).
Me cuenta una amiga que estudia en
l'École Normale Supérieure de la rue d'Ulm (que es la misma donde estudiaron Sartre, Foucault, Durkheim, entre otros) que es tal la presión académica, que cada año se quitan la vida uno o dos normalistas. Menos frecuente, no es raro sin embargo que en la
Cité Universitaire de Paris algún estudiante salga de su cuarto con los pies por delante. Y así por ejemplo hace unos años una joven se botó de un edificio, el año pasado un muchacho se quitó la vida, y hace un mes y medio un compañero de mi residencia se ahorcó. Si bien los medios de comunicación no reportan todos los suicidios por temor a las replicas, revisemos un poco los archivos de la prensa: Señala
Libération que en Japón, han aumentado los casos desde 1998 en un 50 %, que cada año se registran "tres veces más suicidios que en Francia", y que un fenómeno reciente es el de los suicidas colectivos que se dan cita gracias a mensajes como este: "se buscan compañeros para morir". Anuncia la agencia
Reuters que el pasado 14 de enero un suicida inauguró el novísimo viaducto de Millau, el más alto de Francia y del mundo. Dos adolescentes de 14 y 15 años saltaron de un acantilado, dice
Le monde del 29 de enero de este año. Y el 2 de febrero,
Libération publicó un artículo con un titular que reza "Se suicidó el presunto serial killer de animales". Según las estadísticas: "responsable de 11.000 decesos al año, el suicidio es en Francia la primera causa de mortalidad entre las personas de 25 a 34 años, y la segunda entre los jovenes de 15 a 24 años" después de los accidentes de tránsito ("
L'importance de la pression scolaire",
Le figaro étudiant 03/02/05). Y sostiene un folleto de la
Seguridad Social que "cada año se cuentan entre 90.000 y 115.000 tentativas de suicidio, y conforme a ciertos artículos esa cifra podría llegar a 150.000. No obstante, estas estadísticas son subestimadas en la medida en que las tentativas de suicidio no son sistemáticamente censadas y no todas dan lugar a una hospitalización" ("
Risque suicidaire"
Esmerep).
Del otro lado del Atlántico, en Colombia, informa
El Tiempo del 19 de febrero que "un niño de ocho años se suicidó lanzándose del tercer piso de su colegio", y, más recientemente, que "una
mujer de quince años que estaba embarazada se quitó la vida en Girón, Santander". Hace ocho meses, anunciaba este mismo diario que trece jovenes de la comunidad Embera se habían ahorcado como consecuencia de una "rebelión de espíritus" (
El Tiempo 26/06/04).
EL Espectador del 22 de agosto de 2004 reseña, bajo el título "
La mujer que murió en silencio", el suicidio de la directora de la
Casa de Poesía Silva, María Mercedes Carranza. Por su parte, la revista
Semana del once de agosto del año pasado afirma que "
aumentaron los suicidios en Cali", y el nueve de septiembre revela que "en el 2001 se registraron un millón de suicidios en el mundo, el doble de las muertes por homicidio, 500.000, y por guerras, 230.000", y que "según cálculos, los suicidios en 2020 subirán a 1,5 millones" ("
Cada cuarenta segundos hay un suicidio en el mundo"). A pesar de la fuerte mediatización es necesario aclarar que en Colombia el suicidio no constituye un problema social de la misma magnitud que en Asia o en Europa, si se tiene en cuenta que mientras en Francia se presentan 11.000 casos al año y en Japón
32.082, en Colombia, según el
Instituto Nacional de Medicina Legal, durante el año 2003 sólo se reportaron 1.938 casos ("
Conducta suicida según ciclo vital",
Forensis, 2003). Si se comparan estas cifras con el número anual de homicidios, que en Francia es de
1.000 a 1.500 y en Colombia de aproximadamente 30.000, se constata una inversión del problema de las muertes violentas, es decir, que mientras en Francia predomina la violencia autoinflingida (entre 7 y 11 veces más suicidios que homicidios), en Colombia prevalece la violencia interpersonal (quince veces más homicidios que suicidios). Si se realiza esta misma comparación con base en estadísticas de otros países latinoamericanos con índices de homicidios más bajos (como Chile, Venezuela o Ecuador) bien puede comprobarse que los europeos se suicidan en la misma proporción que los latinoamericanos nos asesinamos, y que, en consecuencia, los avances de los países desarrollados en materia de violencia son completamente cuestionables. Pues como concluye Jean-Claude Chesnais de
l'Institut national d'études démographiques de Francia: "En la medida en que los paises se mordenizan, los homicidios disminuyen en tanto que los suicidios tienden a progresar". Y agrega comentando las estadísticas de los últimos ciento cincuenta años: "el desarraigo inducido por la industrialización y el urbanismo ha generado un fuerte incremento de las tasas de suicidio" ("
Les morts violentes dans le monde",
Population et Sociétés n. 395, noviembre 2003). En este mismo sentido, la
OMS reconoce un aumento a nivel mundial del 60% en los casos de suicidio entre 1950 y 1995, paralelo a "un incremento de los problemas mentales y los comportamientos autodestructivos", pero aclara que este fenómeno tiene lugar "especialmente en Europa" ("
La prévention du suicide").
Escribo este artículo como un intento por comprender el suicidio de uno de mis compañeros de residencia. Ese acto transtornó nuestra cotidianidad y ahora trato de restablecer el orden mediante la escritura. Largas conversaciones en la mesa de la cocina han servido de preámbulo a estas líneas. Se ha hablado de todo: de los factores de riesgo, del libro de Durkheim, de las causas culturales (a saber, la tradición del Hara-Kiri en el Japón), de la necesidad de hablar, de como las coerciones religiosas (la idea de que la vida no nos pertenece y el miedo al infierno) contienen los impulsos autodestructivos, de
El Mito de Sísifo de Camus y su maravillosa conclusión de que la vida merece ser vivida por simple curiosidad y porque es lo unico que tenemos, etc. Pero lo que más nos ha dado de qué hablar últimamente, sobre todo porque nos ha puesto de frente a un problema que hasta ahora habíamos querido ignorar, es la película de Alejandro Amenábar
Mar Adentro. En ella el director español plantea, en torno al debate sobre la eutanasia, que "la vida es un derecho, no una obligación". Ello quiere decir como afirma un médico francés que "cada uno de nosotros puede poner fin a sus días si la existencia le parece insoportable" ("
Morts pour l'amour de la vie"
Libération 04/02/05). Pues en últimas, la controversia sobre el suicidio remite a la discusión sobre los límites de la libertad humana: Tenemos derecho a quitarnos la vida? Nosotros creemos que sí, que este instante en que estamos acá parados nos pertenece tanto como el postrero. Sin embargo, lo que a primera vista aparece como la última conquista de la libertad individual, la mayoría de las veces es, en realidad, una reacción desesperada frente a la degradación del hombre en la sociedad moderna. Eso lo había expuesto ya Baldomero Sanín Cano, refutando, con respecto al suicidio del poeta colombiano José Asunción Silva, la tesis del libre albedrio: "La vida lo llamaba al comercio de las ideas, y él tuvo que decidirse por el comercio simple en un almacén de novedades. El comercio simple en un almacén de novedades señala también el camino de la tragedia. Pretendió gozar de la vida con igualdad y plenitud, difundir su conciencia por todos los resquicios del universo, hacer suyas a un mismo tiempo la visión apolínea y la dionisíaca. Logró solamente, en el medio adverso donde hubo de agitarse, convertir su organismo en la más delicada y exquisita máquina de sufrir". Los seres humanos hemos hecho del mundo una porquería, pero, justamente por eso, proponemos con Camus que hay que aferrarse a la vida como única posiblidad de rebelión.
(A las personas en crisis les recomendamos la página de ayuda
Befrienders).
Links:
// posted by © El editor @
3:04 AM
|
REFLEXIONES SOBRE EL PERIODISMO
Y uno y dos, y uno y dos, y uno y dos, aeiou. Si aceptamos, siguiendo a Rubén Darío, que "el periodismo constituye una gimnasia del estilo", discúlpennos entonces, queridos lectores, este pequeño párrafo de calentamiento.
Mientras los periodistas convencionales escarban "en el campo de la actualidad, para hallar un asunto importante", como decía Julian del Casal, "y ofrecerlo a la voracidad de los lectores", nosotros, que no somos esclavos de la novedad, bien podemos darnos el lujo de desenpolvar las informaciones trasnochadas que reposan en los archivos de los diarios. Como la vanguardia ya está demasiado cubierta, hemos decidido vigilar la retaguardia por si las noticias nos atacan por la espalda. Y no por cobardía, ni por incompetencia, ni por desprecio del lector, sino todo lo contrario: para nosotros, la jerarquía de las acontecimientos, como la de los recuerdos, los guarapos y los vinos, depende del añejamiento. Nos causa gran admiración el presente, pero somos adictos a la memoria.
Decía Manuel Gutiérrez Nájera que los reporteros tienen que "guizar la liebre antes de que la atrapen y obligar a los sucesos a encanecer en una sola noche". Nosotros, en cambio, nos tomamos nuestro oficio con calma, pues tenemos la sospecha de que, en su afán de novedad, a los cazadores de noticias la liebre les queda mal cocida y hacen viejos de niños. En vista de lo cual, hemos decidio ser los carroñeros de la información o, mejor, los resucitadores de noticias. No se les haga raro, entonces, que cada tanto les recordemos nuestra indignación frente a las fumigaciones con glifosato (Ahora también quieren fumigar el
Choco!), o que insistamos en llevar la cuenta regresiva de la desaparición de las especies, o que, pensando en voz alta, nos preguntemos si es que en Africa o en
Afganistán ya no pasa nada; pues los periódicos no surgen de los tubos de ensayo ni se dan silvestres como la mata de plátano, sino que vienen de las personas, y como ellas han de tener su personalidad, sus preferencias y sus obsesiones.
Por eso no nos extraña que el embajador de Colombia en Portugal, Plinio Apuleyo Mendoza, críticando un artículo de Cromos sobre la guerrilla de las FARC, proponga desde las páginas de El Tiempo que los periodistas deban dedicarse a realizar la propaganda del gobierno, pues muchos ya lo vienen haciendo, y basta con ver el enfoque de las noticias para darse cuenta de que la sala de redacción de muchos periódicos queda en la Casa de Nariño. Dice Plinio: "En lo que a mí respecta, y lo digo como periodista de toda la vida y no como funcionario, creo que estamos obligados moral y judicialmente a favorecer a una de esas dos partes: la que representa la ley y el orden institucional y a combatir la otra, la que mediante acciones terroristas salpica de sangre y horror al país. En otras palabras, no podemos ser neutrales". Y decimos que no nos sorprende semejante adefesio no porque estemos de acuerdo con esta versión estalinista y maniquea de los medios de comunicación, sino porque hace tiempos quedo demostrado que nadie es objetivo ni ideológicamente neutro (y el que lo intenta, los lingüistas lo saben muy bien, termina por delatarse en la escogencia de las palabras, en los giros de la frase, en el tono, en el uso de los adjetivos, etc.). Y porque, después de ver el cubrimiento de la guerra de Irak desde las cámaras de CNN, ya nos dimos cuenta que los periodistas que se dicen objetivos lo hacen para imponer como verdad su visión de los hechos, cuando en realidad le rinden cuentas a los partidos políticos, a los poderosos, a los dueños de los medios y, cuando menos, al público. Como nos parece que la objetividad es una exigencia hipócrita, nosotros hemos decidido ser subjetivos, irresponsablemente subjetivos, como única manera de ser sinceros con los lectores. El que nos quiera leer que sepa que este periódico no está hecho por máquinas sino por personas, y que en consecuencia vemos el mundo a través de nuestros ojos y hablamos en nombre propio. No seremos imparciales (lo cual no quiere decir que no seamos capaces de ponernos en el lugar del otro) pero, en cambio, reivindicamos principios más importantes como son la libertad de prensa y de expresión.
Somos conscientes de la necesidad de defender estos principios, justamente, porque nos hemos enfrentado a la censura. El que aquí les habla estudió en un colegio de curas (hasta que gracias a Dios lo echaron), y, estando en cuarto año de bachillerato, se dió con unos amigos a la tarea de publicar un periódico escolar cuya circulación fue prohibida por las directivas del colegio. Si desde la escuela no se educa a los ciudadanos en el ejercicio de los valores democráticos, no nos sorprendamos de vivir en un país que ha sido clasificado varias veces por
Reporteros Sin Fronteras como "el más peligroso del continente para la profesión". Según datos recogidos por Jorge González y Jairo Lozano en el libro
La censura del Fuego, durante los últimos veinte años, 119 periodistas colombianos fueron asesinados a manos del narcotráfico, la guerrilla, los paramilitares y los funcionarios corruptos. Y por si eso no fuera poco, las investigaciones judiciales no han arrojado casi ningún resultado pues la impunidad ha sido "superior al 90 por ciento". Y así, por ejemplo, durante el proceso que buscaba esclarecer la muerte de Jaime Garzón ocho testigos claves fueron eliminados.
Hemos creado
El Planeta en Pantaloneta en respuesta a la crisis del periodismo en Colombia, donde la independencia de los periodistas se ve constantemente amenazada por la presión del gobierno, de los grupos armados o de los dueños de los medios de comunicación. (Vale la pena agregar que en otras partes del globo también se atenta contra los periódistas: de esta manera,
Reporteros sin Fronteras señala a China y a Cuba como las principales carceles de periodistas, en tanto que
Rebelión llama la atención sobre el asesinato de periodistas españoles y árabes por parte de las tropas norteamericanas durante la guerra de Irak). Y como no queremos ser complices de los enemigos de la libertad de expresión, los invitamos a desarrollar sus proyectos de "periodismo ciudadano" gracias a las herramientas que para ello ofrece internet (existen diferentes espacios gratuitos como
http://www.blogspot.com/ o
http://www.free.fr/ ).
.............
Por los mismos días en que los gobiernos de Colombia (Estados Unidos) y Venezuela se encontraban al borde de la guerra, conocí en una reunión del comité cultural de la Cité Universitaire al pana Jorge Negretti, que tiene una revista en Internet; y, en torno a los proyectos editoriales, hicimos más avances diplomáticos que nuestros propios gobiernos. Es más, como gesto de paz entre los pueblos hermanos, estamos organizando un "Arepa Breakfast" o "Petit déjeneur de la réconciliation colombo-vénézuéliene". Su revista se llama
Léxicos.
Links:
Sobre el asesinato de periodistas:
"La censura del fuego"(El Tiempo).
"La censura del fuego" (Revista Cambio).
"Ciudad Amordazada" (Revista Cambio).
periodista Julio Palacios Sánchez (Reportes sin fronteras).
Balance 2004 (Reporteros sin fronteras).
"El conflicto armado amenaza a los periodistas regionales" (El Tiempo 15/10/04).
Sobre el debate acerca de la libertad de prensa: "Réplica a la cátedra Plinio" (Revista cambio). "Académicos responden" (El tiempo 27/01/05). "Ay, Plinio" (El Espectador 23/01/05). "Plinio, los periodistas y el conflicto" (Semana 28/01/05). Rebelión cuestiona la objetividad de Reporteros sin Fronteras: "Reporteros sin Fronteras “olvida” incluir a los EE.UU. en su informe anual" (09/01/04). "Reporteros Sin Fronteras: ¡Más de 4 millones de dólares para desinformar!" (19/11/04). "La campaña contra Cuba de Reporteros sin Fronteras" (13/07/03).
// posted by © El editor @
1:35 PM
|