martes, febrero 01, 2005
"APAGUE Y VAMONOS"
Este fin de semana, un ratón estaba haciendo la fiesta en la casa de unos amigos y ellos entraron en pánico, y, en vez de portarse como buenos anfitriones, compraron una trampa muy efectiva en la cual terminó cayendo la criatura. Se trataba de una superficie pegajosa dispuesta dentro de una caja con dos orificios en los extremos y un cebo en la mitad. Entonces me llamaron. Y cuando llegué a la casa los encontré agitados. Y en la cocina, bajo la caja, aún más agitado, estaba el pobre ratón pegado, chillando desconsolado y maldiciendo su suerte. Y aprovecho este medio para confesar mi complicidad y para hacerle saber a todos mis amigos que no pienso volverme a involucrar en el exterminio de ningún otro animal.
Y lo digo porque por estos días se está realizando en París una exposición sobre los grandes simios que me ha hecho relativizar el concepto de plaga, y que viene siendo como el equivalente en zoología de esos homenajes apresurados que las academias le rinden a los actores o a los poetas cuando saben que tienen los días contados. En 1990 la población de Orangutanes era de 30 mil individuos. En 2000 sólo se contaban 6 mil en Sumatra y unos 2 mil en Borneo. A ese ritmo de desaparición, ya es hora de que vayamos diciendo: "Desde que nos enteramos que el hombre venía del mono no pudimos resistir la tentación de exterminar todo recordatorio de nuestro origen. Adios orangutanes, hasta nunca, sólo los queremos en película y en muñeco de peluche. Atentamente: la porquería de la especie humana".
En efecto, las poblaciones de casi todos los grandes simios han disminuido en más del cincuenta por ciento en los últimos años como consecuencia de la deforestación, la caza y las enfermedades.
Y según un informe de las Naciones Unidas, "menos del 10% del habitat de los grandes simios africanos permanecerá intacto en 2030. Para los orangutanes, la situación es todavía más grave: al ritmo actual, sólo contarán con el 1% de su habitat en 2030". A la luz de esos datos cómo no cuestionar el modelo de desarrollo que venimos aplicando desde la revolución industrial, y la agudización de sus efectos devastadores en los últimos años como resultado del neoliberalismo.
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