lunes, enero 17, 2005

DESCENSO A LOS INFIERNOS

Ayer, domingo, fui con unos amigos a cine. Y después de pagar la entrada, mientras bajábamos las escaleras, alguien comentó "vamos a cine o a coger el metro?", tan profunda se encontraba la sala. Nos acomodamos en los puestos y, durante los quince minutos de publicidad, conversamos de las últimas canalladas o, como se dice en los diarios, de "la actualidad política"; a propósito de lo cual Jaime -que estudia las relaciones entre política y religión en los Estados Unidos- observó: "acabo de leer un artículo que dice que algunos cardenales, muy próximos del Papa, creen que George Bush es el Anticristo, y que Juan Pablo II se lamenta de no ser más joven dada la proximidad del final de los tiempos. Lo curioso es que G. Bush está convencido de que Ben Laden es el Anticristo, y visceversa. Y eso es lo que me da miedo: que esta guerra no es sólo por plata, sino que, al mismo tiempo, y no sólo para Al-Qaeda, es una guerra santa". Y no dijo más porque se empezó a extinguir la luz, y los que los domingos no vamos a misa sino a cine sabemos muy bien que cuando esto ocurre hay que cerrar el pico y concentrarse en la pantalla porque comienza el rito. (Así como los verdaderos creyentes cada vez que van a misa es como si participaran de la Ultima Cena, dice Octavio Paz, de la misma manera, cuando vamos a cine o leemos literatura asistimos a la actualización de un tiempo primigenio y ejemplar -ya sea en un sentido positivo o negativo-, que se restablece -como el tiempo mítico- cada vez que abrimos de nuevo el libro o que volvemos a entrar a la sala).

La película era La chute (Der Untergang), en la cual el director alemán Oliver Hirschbiegel, recrea los últimos días del Tercer Reich: refugiados en el Bunker de los jardines de la Cancilleria, que se estremece bajo los impactos de la artilleria soviética, Hitler y sus más cercanos colaboradores tratan de detener la avanzada rusa sobre Berlín. Afuera, entre los escombros de la ciudad, se suceden los combates y los juicios sumarios; en tanto que la población civil intenta escapar o apoyar al diezmado ejercito nazi.

Se trata de una película impactante, que logra serlo no sólo mediante la exhibición de imagenes fuertes (ineludibles en un film de guerra), sino, sobre todo, gracias a las excelentes actuaciones, a la verosímilitud de la recreación histórica, y a las reflexiones que genera: 50 millones de muertos durante la Segunda Guerra Mundial! 6 millones de judíos asesinados en los campos de exterminio! Todo eso pasó ayer y, a pesar de los lindos discursos sobre la necesidad de "preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra", hoy seguimos en las mismas! Y es interesante que sean justo los alemanes quienes se encarguen de recordárnoslo: Las dictaduras tratan de hacer olvidar, las verdaderas democracias de recordar.

Sin embargo, en torno a la película ha surgido la polémica de si es valido presentar a Adolfo Hitler como un ser humano, y de si al mostrar la historia desde el punto de vista de Hitler y de sus oficiales no se está banalizando el nazismo debido a los procesos de empatía que se generan entre espectador y personage. Negar que Hitler era un hombre (un megalómano, un esquizofrénico o lo que sea, pero al fin y al cabo un hombre) y en su lugar decir que era un monstruo, un demonio, el diablo, etc., significa olvidarse de los alcances de la bestia humana, que tanto se manifiesta en los campos de exterminio, como en las guerras dichas "quirúrgicas" o en las masacres de campesinos. Implica también caer en el maniqueismo, que hace depositarios de la culpa solamente a "los malos" y deja en el olvido los crímenes de "los buenos" (Hiroshima y Nagasaki, y las demás victimas civiles no simpatizantes de la guerra que murieron bajo fuego aliado. Y que conste que con esto no pretendo ponerme de parte de los nazis, sino de los civiles ya sean judíos, franceses, japoneses, alemanes, etc.). Y justamente la lección que nos han dejado los regímenes totalitarios es que debemos mantenernos alejados de los maniqueismos y de los nacionalismos que tienden a deshumanizar y a reducir al otro (y aunque suene paradójico, deshumanizar a Hitler implica insertarnos en la lógica del exterminio). En síntesis, recordar que Hitler era un hombre y que por lo tanto todos los hombres somos susceptibles de caer en la barbarie, el fanatismo y la violencia, es la manera de pensar a la que nos invita esta película, al proponernos entrar en el bunker del Nacional Socialismo. Edificante descenso a los infiernos tras el cual el mundo se ve diferente. Así, a la salida del cine (que es también una salida de los subterraneos de la comandancia nazi) uno se sorprende de ver los edificios en pie, de ser consciente de la fragilidad del mundo en que vivimos, y de saber que hace apenas 60 años Europa estaba en ruinas.

Huy! Y hablando de todo esto, que miedo con nuestro Joseph Goebbels criollo!


LINKS:
Norbert Frei en entrevista para Liberation
"Un führer embarrasant sur grand écran". Liberation 04/01/05
"Une chute à tomber d'ennui". Liberation.
"Début de polémique sur La chute". Nouvel Observateur.
Allocine
Comme au Cinéma
"Mauvasi Chute". L'Express 03/01/05.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?