viernes, septiembre 03, 2004
Un país con dos mares, todos los climas, etc.
La mayor parte de las flores que se venden en Francia son de origen colombiano; en verano, los franceses mueven los pies (y algunos también las caderas) a la orilla del Sena, entre el puente de Sully y el de Austerlitz, al ritmo de esa salsa que dice "del puente para acá está Cali, del puente para allá Juanchito"; los fanáticos del futbol siguen las jugadas de Mario Yepes en el PSG; todo el mundo sabe quien es García Márquez; entre los adolescentes no hay quien no sepa quienes son Juan P. Montoya y Shakira; en los supermercados se consiguen uchuvas y café colombiano... y, no hay que olvidarlo, en las fiesta de alto nivel, se esnifea* nuestro polvo blanco, pues como señala la revista National Geographic de julio de este año: "Colombia, primer exportador mundial de cocaina, abastece la mayor parte del consumo de Estados Unidos y Europa".
Me refiero al polémico artículo "El país de la cocaina". Lo acabo de leer y releer sin encontrar nada que me moleste, salvo tal vez el título, que me parece efectista, aunque no exagerado, pues es un hecho que hoy en día los cultivos de coca se extienden por casi todos los departamentos de Colombia. Y sin embargo, no voy a indignarme como tantos "colombianos de bien" que sueñan con limpiar la imagen de Colombia para por fin recibir un trato digno en el aeropuerto de Miami. A los "colombianos de bien", que sueñan con una Colombia de tarjeta postal, donde el hambre del campesino se esconda debajo de la ruana pintoresca, les preocupa más la imagen de Colombia que el problema de la pobreza. Dice el artículo: "el tráfico de cocaina nace de la miseria... Nosotros sabemos que esta droga es peligrosa, pero ella asegura nuestra supervivencia... El gobierno no nos ayuda. Qué otra cosa podemos hacer?...Mientras no encontremos otra solución, tendrémos que seguir sembrando coca".
Me molesta que los colombianos nos indignemos con los extranjeros cada vez que contradicen esa imagen de paraíso tropical que tanto nos gusta, pero que no tengamos los pantalones para cantarle al mundo que el orden económico internacional ha condenado a nuestros campesinos a la miseria, y que por eso siembran coca; y que son los consumidores y las mafias de los países desarrollados quienes en últimas proporcionan a la guerrilla y los paramilitares -que controlan el tráfico de cocaina hacia el exterior- el dinero para comprar las armas que son producidas por los Estados Unidos y la Unión Europea. Y sea dicho de paso, también me molestan las políticas erradas del gobierno, la corrupción, y el tono herocio y justiciero con que los grupos armados justifican en Colombia el asesinato. No puedo evitar acordarme de una frase de Martin Luther King: "la ley del ojo por ojo finalmente nos deja a todos ciegos".
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*El verbo "aspirar" tiene tres acepciones: pronunciado con tono solemne sirve para hablar de nuestras "aspiraciones en la vida"; dicho prosaicamente describe el funcionamiento de las aspiradoras; y significa "atraer el aire exterior a los pulmones" sólo cuando es empleado por un médico. La jerga de los cocainomanos, que ha ido calando entre las clases adineradas (que son las que se precian de establecer los patrones estéticos, linguísticos y culturales), ha introducido en el español el verbo esnifear, del inglés "sniff", que nos parece muy adecuado al caso por tratarse de una palabra onomatopéyica. Y que me perdonen los puristas, no los de la cocaina que sin duda estarán de acuerdo conmigo, sino los de la lengua que seguro pondrán el grito en el cielo.
La mayor parte de las flores que se venden en Francia son de origen colombiano; en verano, los franceses mueven los pies (y algunos también las caderas) a la orilla del Sena, entre el puente de Sully y el de Austerlitz, al ritmo de esa salsa que dice "del puente para acá está Cali, del puente para allá Juanchito"; los fanáticos del futbol siguen las jugadas de Mario Yepes en el PSG; todo el mundo sabe quien es García Márquez; entre los adolescentes no hay quien no sepa quienes son Juan P. Montoya y Shakira; en los supermercados se consiguen uchuvas y café colombiano... y, no hay que olvidarlo, en las fiesta de alto nivel, se esnifea* nuestro polvo blanco, pues como señala la revista National Geographic de julio de este año: "Colombia, primer exportador mundial de cocaina, abastece la mayor parte del consumo de Estados Unidos y Europa".
Me refiero al polémico artículo "El país de la cocaina". Lo acabo de leer y releer sin encontrar nada que me moleste, salvo tal vez el título, que me parece efectista, aunque no exagerado, pues es un hecho que hoy en día los cultivos de coca se extienden por casi todos los departamentos de Colombia. Y sin embargo, no voy a indignarme como tantos "colombianos de bien" que sueñan con limpiar la imagen de Colombia para por fin recibir un trato digno en el aeropuerto de Miami. A los "colombianos de bien", que sueñan con una Colombia de tarjeta postal, donde el hambre del campesino se esconda debajo de la ruana pintoresca, les preocupa más la imagen de Colombia que el problema de la pobreza. Dice el artículo: "el tráfico de cocaina nace de la miseria... Nosotros sabemos que esta droga es peligrosa, pero ella asegura nuestra supervivencia... El gobierno no nos ayuda. Qué otra cosa podemos hacer?...Mientras no encontremos otra solución, tendrémos que seguir sembrando coca".
Me molesta que los colombianos nos indignemos con los extranjeros cada vez que contradicen esa imagen de paraíso tropical que tanto nos gusta, pero que no tengamos los pantalones para cantarle al mundo que el orden económico internacional ha condenado a nuestros campesinos a la miseria, y que por eso siembran coca; y que son los consumidores y las mafias de los países desarrollados quienes en últimas proporcionan a la guerrilla y los paramilitares -que controlan el tráfico de cocaina hacia el exterior- el dinero para comprar las armas que son producidas por los Estados Unidos y la Unión Europea. Y sea dicho de paso, también me molestan las políticas erradas del gobierno, la corrupción, y el tono herocio y justiciero con que los grupos armados justifican en Colombia el asesinato. No puedo evitar acordarme de una frase de Martin Luther King: "la ley del ojo por ojo finalmente nos deja a todos ciegos".
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*El verbo "aspirar" tiene tres acepciones: pronunciado con tono solemne sirve para hablar de nuestras "aspiraciones en la vida"; dicho prosaicamente describe el funcionamiento de las aspiradoras; y significa "atraer el aire exterior a los pulmones" sólo cuando es empleado por un médico. La jerga de los cocainomanos, que ha ido calando entre las clases adineradas (que son las que se precian de establecer los patrones estéticos, linguísticos y culturales), ha introducido en el español el verbo esnifear, del inglés "sniff", que nos parece muy adecuado al caso por tratarse de una palabra onomatopéyica. Y que me perdonen los puristas, no los de la cocaina que sin duda estarán de acuerdo conmigo, sino los de la lengua que seguro pondrán el grito en el cielo.
