sábado, agosto 28, 2004
Variación en torno a un tema de Flaubert
Varios jets habían surcado el cielo de norte a sur, llenandolo de rayas que iluminadas por las últimas luces del día se teñían de rosado, adornando la bóveda celeste como las cintas que, pendiendo de una acera a otra, anuncian en las calles de los países cálidos el comienzo de los carnavales. Al occidente de la ciudad ya había caído la noche, y al tiempo que aparecían las primeras estrellas se encendían las luces de los faroles. Los barrios centrales estaban inundados de esa luz extraña que no en vano se llama "claro-oscuro"; los rostros, maquillados caprichosamente, un momento parecían pálidos y al otro avergonzados; nadie entendía las indicaciones de los semáforos; y los carros, a medida que se desplazaban, bien podían ser rojos, azules o púrpuras. En un cruce de avenidas la luz azul del occidente y la luz roja del oriente caían sobre un bar separado de la calle, como un acuario, por dos grandes ventanales a través de los cuales se distinguían multitud de cabezas que nadaban en alcohol como peces globo; y un foulard, un copete, un cigarrillo o un sombrero, animados por un movimiento de cabeza, eran de repente peces de colores en mitad del arrecife del mostrador. Hacia el oriente un sol inmenso descendía, acercándose lentamente a la Torre Montparnasse, como un gran planeta rojo o como un meteorito incandescente que se demoraba en caer. Asomados a las ventanas de los edificios, los aficionados a la ciencia observaban con lentes oscuros las explosiones, las tomentas y las lenguas de fuego -tan grande se veía el sol- ; en tanto que, detrás de las cortinas, los supersticiosos se hundían en el pantano de las conjeturas; los perros ladraban, los niños lloraban; y, encerrado en su gabinete, un astrólogo levantaba súbitamente la cabeza y, la frente iluminada por un rayo de luz roja que entraba por la claraboya, se llevaba el teléfono a la oreja y presagiaba con voz entrecortada el nacimiento, en ese justo instante, de un Ministro. Eran las 9:35 de la noche del 23 de julio de 2004. Asomados a la terraza de un dieciseisavo piso en Porte de la Villete, contemplábamos extasiados los últimos rayos del sol, que comenzaban a extinguirse como los mechones de la melena de un león de fuego, que embestido por miles de búfalos negros clavara, en un intento desesperado por no sucumbir, los colmillos y las garras en el lomo de la noche.
He aquí mi modelo, ante el cual hago una reverencia:
"Un côté de l'horizon commençait á pâlir, tandis que, de l'autre, une large couleur orange s'étalait dans le ciel et était plus empourprée au faîte des collines, devenues complétement noires. Mme Arnoux se tenait assise sur une grosse pierre, ayant cette lueur d'incendie derrière elle".
Imágenes:
Tour Montparnasse
Soleil derrière la Tour Montparnasse
Varios jets habían surcado el cielo de norte a sur, llenandolo de rayas que iluminadas por las últimas luces del día se teñían de rosado, adornando la bóveda celeste como las cintas que, pendiendo de una acera a otra, anuncian en las calles de los países cálidos el comienzo de los carnavales. Al occidente de la ciudad ya había caído la noche, y al tiempo que aparecían las primeras estrellas se encendían las luces de los faroles. Los barrios centrales estaban inundados de esa luz extraña que no en vano se llama "claro-oscuro"; los rostros, maquillados caprichosamente, un momento parecían pálidos y al otro avergonzados; nadie entendía las indicaciones de los semáforos; y los carros, a medida que se desplazaban, bien podían ser rojos, azules o púrpuras. En un cruce de avenidas la luz azul del occidente y la luz roja del oriente caían sobre un bar separado de la calle, como un acuario, por dos grandes ventanales a través de los cuales se distinguían multitud de cabezas que nadaban en alcohol como peces globo; y un foulard, un copete, un cigarrillo o un sombrero, animados por un movimiento de cabeza, eran de repente peces de colores en mitad del arrecife del mostrador. Hacia el oriente un sol inmenso descendía, acercándose lentamente a la Torre Montparnasse, como un gran planeta rojo o como un meteorito incandescente que se demoraba en caer. Asomados a las ventanas de los edificios, los aficionados a la ciencia observaban con lentes oscuros las explosiones, las tomentas y las lenguas de fuego -tan grande se veía el sol- ; en tanto que, detrás de las cortinas, los supersticiosos se hundían en el pantano de las conjeturas; los perros ladraban, los niños lloraban; y, encerrado en su gabinete, un astrólogo levantaba súbitamente la cabeza y, la frente iluminada por un rayo de luz roja que entraba por la claraboya, se llevaba el teléfono a la oreja y presagiaba con voz entrecortada el nacimiento, en ese justo instante, de un Ministro. Eran las 9:35 de la noche del 23 de julio de 2004. Asomados a la terraza de un dieciseisavo piso en Porte de la Villete, contemplábamos extasiados los últimos rayos del sol, que comenzaban a extinguirse como los mechones de la melena de un león de fuego, que embestido por miles de búfalos negros clavara, en un intento desesperado por no sucumbir, los colmillos y las garras en el lomo de la noche.
He aquí mi modelo, ante el cual hago una reverencia:
"Un côté de l'horizon commençait á pâlir, tandis que, de l'autre, une large couleur orange s'étalait dans le ciel et était plus empourprée au faîte des collines, devenues complétement noires. Mme Arnoux se tenait assise sur une grosse pierre, ayant cette lueur d'incendie derrière elle".
Imágenes:
Tour Montparnasse
Soleil derrière la Tour Montparnasse
viernes, agosto 27, 2004
"Me dio la leona"
No tengo muchas ganas de escribir (quisiera más bien estarme comiendo "une crêpe" de queso de esos que venden en la calle por la módica suma de 2 euros 50) pero acabo de llegar a la casa de Jaime, y él se está echando una siesta, y acá me tienen escribiendo, contra viento y marea, a pesar del hambre de las 7 y 46 de la noche de Paris. Por la ventana entra una luz que mi cuerpo interpreta como de las 6 de la tarde de Colombia. Tal vez por eso la necesidad del crêpe no es tan imperiosa. En el trópico la noche cae rapidamente como si fuera de plomo, en cambio aquí la tarde se va apagando lentamente. El animal que llevo dentro me advierte que según esta luz en breve se va hacer de noche; y entonces me entran unas como ganas de rasgarme la camisa y salir a la calle a fastidiar a la gente, dando alaridos y moviendo los miembros delanteros como un homínido, para después raparle a alguien un crêpe y encaramarme en un árbol a comer y quedarme dormido. (Los hombres nos volvemos unos simios cuando tenemos hambre). Pero por suerte, el estudiante de postgrado, la bestia pretenciosa que me domina, me dicta unas últimas palabras, antes de enloquecerme del todo por el hambre.... pero ya no puedo más. Tengo que salir a la calle: mr Hyde está subyugando a dr Jekyll.
No tengo muchas ganas de escribir (quisiera más bien estarme comiendo "une crêpe" de queso de esos que venden en la calle por la módica suma de 2 euros 50) pero acabo de llegar a la casa de Jaime, y él se está echando una siesta, y acá me tienen escribiendo, contra viento y marea, a pesar del hambre de las 7 y 46 de la noche de Paris. Por la ventana entra una luz que mi cuerpo interpreta como de las 6 de la tarde de Colombia. Tal vez por eso la necesidad del crêpe no es tan imperiosa. En el trópico la noche cae rapidamente como si fuera de plomo, en cambio aquí la tarde se va apagando lentamente. El animal que llevo dentro me advierte que según esta luz en breve se va hacer de noche; y entonces me entran unas como ganas de rasgarme la camisa y salir a la calle a fastidiar a la gente, dando alaridos y moviendo los miembros delanteros como un homínido, para después raparle a alguien un crêpe y encaramarme en un árbol a comer y quedarme dormido. (Los hombres nos volvemos unos simios cuando tenemos hambre). Pero por suerte, el estudiante de postgrado, la bestia pretenciosa que me domina, me dicta unas últimas palabras, antes de enloquecerme del todo por el hambre.... pero ya no puedo más. Tengo que salir a la calle: mr Hyde está subyugando a dr Jekyll.
martes, agosto 24, 2004
Sección:
Medicina deportiva
Siempre he sido una "garra"; sin embargo, hace unos años, durante unas vacaciones, se me dio por tratar de aumentar mi masa muscular. Como no me gustan los médicos ni los gimnasios, y como siempre me he preciado de ser un poco autodidacta, decidí escuchar la opinión de tres deportistas que conozco y sacar de allí mis propias conclusiones.
X es un fisicoculturista aficionado; un Rambo con cara de idiota que durante su adolescencia, no teniendo ninguna ambición en la vida más que el éxito social en el reducido ambiente de provincia, se dedicó a hacer deporte para ganarse la admiración de las damas y el respeto de los varones. A duras penas consiguió lo segundo y hoy administra un gimnasio.
Y es un "yupi", que en aras de mantenerse en forma va todos los días de la oficina al gimansio. Sólo rompe su rutina los fines de semana, cuando metido en una camisa apretada, recorre las discotecas bebiendo cocteles y buscando sexo.
Z es un gigante, pesista y boxeador amateur; en realidad es un buscapleitos profesional que pasa la mitad del día levantando pesas y la otra mitad tomando cerveza; no ha ganado ningún trofeo, se ha batido en más riñas que torneos, pero ha roto varios dientes y ha estado en la carcel; eso le concede algunos méritos.
Los tres coincidieron en que si me ponía a hacer ejercicio me iba a poner fibroso, y que eso estaba bien; pero que si lo que realmente quería era producir ese irresistible efecto de estar a punto de desgarrar las costuras de la camisa, lo que realmente tenía que hacer era ganar peso al mismo tiempo que hacía ejercicio. Entonces les pregunté que qué podía hacer. Y ellos me dijeron que había dos maneras para producir volumen muscular: una era inyectándome anabólicos, y la otra consumiendo unas malteadas supernutritivas. Me decidí por la segunda opción, y entonces me dieron la siguiente receta que he decidido compartir con los lectores de EL PLANETA EN PANTALONETA para premiar su fidelidad.
Malteada Shuazneguer:
(Para un vaso)
1 banano
1/2 libra de borojó
2 cucharadas de Milo
2 cucharadas de Chocolisto
2 cucharadas de Avena Cuaker
2 cucharadas de JGB tarrito rojo
1 huevo
2 pocillos de leche
Miel al gusto
Azucar
La malteada no produce ningún efecto si no se acompaña de una severa disciplina. Por eso les proporciono también mi rutina de ejercicios:
Me levantaba todas los días antes que el sol, y me ponía una pantaloneta, una camiseta y unos tenis. Iba a la cocina y despertaba a toda mi familia con el ruido de la licuadora. Me tomaba el batido. Después me pegaba dos vasos con agua para despejar el esofago y de paso para hidratarme; y salía corriendo para la casa de un amigo igual de langaruto que yo, y que estaba siguiendo el mismo tratamiento. Subiamos trotando hasta la cima de una montaña. De bajada haciamos pesas y barras en un parque. Después llegabamos a la casa, almorzabamos, haciamos la siesta, y después nos tomabamos otra vez el batido y saliamos al trote para una piscina; pues nos habían recomendado la natación ya que "ensancha el pecho y la espalda, y es el ejercicio más completo que existe". Nadabamos toda la tarde y después entrabamos a un baño turco para "limpiar los poros y mejorar la respiración". Y a las siete de la noche regresabamos a nuestras casas apenas con las fuerzas necesarias para comer y leer algo antes de quedarnos dormidos.
Después de mes y medio de andar en esas nos dimos cuenta que seguiamos igual de flacos y hasta más. Entonces nos dijimos: no hay nada que hacer, la malteada funciona sólo en ciertos organismos, y nosotros estamos condenados a ser unas garras! Decepcionados, abandonamos el deporte y volvimos a fumar y a pasarnosla de fiesta.
Saco del baúl de la memoria estas reminicensias porque me acabo de enterar que en el tiempo que llevo en Francia he aumentado cuatro kilos; y porque leímos en el periódico que según un documental, la pobreza en colombia ya es tanta, que hay madres que alimentan a sus hijos con papel periódico mojado en agua de panela, o con cubitos de caldo de galllina para que la sed que esto les produce los obligue a tomar agua todo el día y de esta manera puedan espantar el hambre.
Glosario:
Garra: Dícese, según el habla colombiana, de aquellas personas de pocas carnes que pesan y existen más por la presencia y el volumen de los huesos. De allí la expresión "flaca, botame un hueso".
Yupi: Ejecutivo joven que decide matarse trabajando para darse la "gran vida" en los ratos que le quedan libres. Compensa la desgracia de su existencia con un envidiable poder adquisitivo. Se dice que consumen cocaina.
Medicina deportiva
Siempre he sido una "garra"; sin embargo, hace unos años, durante unas vacaciones, se me dio por tratar de aumentar mi masa muscular. Como no me gustan los médicos ni los gimnasios, y como siempre me he preciado de ser un poco autodidacta, decidí escuchar la opinión de tres deportistas que conozco y sacar de allí mis propias conclusiones.
X es un fisicoculturista aficionado; un Rambo con cara de idiota que durante su adolescencia, no teniendo ninguna ambición en la vida más que el éxito social en el reducido ambiente de provincia, se dedicó a hacer deporte para ganarse la admiración de las damas y el respeto de los varones. A duras penas consiguió lo segundo y hoy administra un gimnasio.
Y es un "yupi", que en aras de mantenerse en forma va todos los días de la oficina al gimansio. Sólo rompe su rutina los fines de semana, cuando metido en una camisa apretada, recorre las discotecas bebiendo cocteles y buscando sexo.
Z es un gigante, pesista y boxeador amateur; en realidad es un buscapleitos profesional que pasa la mitad del día levantando pesas y la otra mitad tomando cerveza; no ha ganado ningún trofeo, se ha batido en más riñas que torneos, pero ha roto varios dientes y ha estado en la carcel; eso le concede algunos méritos.
Los tres coincidieron en que si me ponía a hacer ejercicio me iba a poner fibroso, y que eso estaba bien; pero que si lo que realmente quería era producir ese irresistible efecto de estar a punto de desgarrar las costuras de la camisa, lo que realmente tenía que hacer era ganar peso al mismo tiempo que hacía ejercicio. Entonces les pregunté que qué podía hacer. Y ellos me dijeron que había dos maneras para producir volumen muscular: una era inyectándome anabólicos, y la otra consumiendo unas malteadas supernutritivas. Me decidí por la segunda opción, y entonces me dieron la siguiente receta que he decidido compartir con los lectores de EL PLANETA EN PANTALONETA para premiar su fidelidad.
Malteada Shuazneguer:
(Para un vaso)
1 banano
1/2 libra de borojó
2 cucharadas de Milo
2 cucharadas de Chocolisto
2 cucharadas de Avena Cuaker
2 cucharadas de JGB tarrito rojo
1 huevo
2 pocillos de leche
Miel al gusto
Azucar
La malteada no produce ningún efecto si no se acompaña de una severa disciplina. Por eso les proporciono también mi rutina de ejercicios:
Me levantaba todas los días antes que el sol, y me ponía una pantaloneta, una camiseta y unos tenis. Iba a la cocina y despertaba a toda mi familia con el ruido de la licuadora. Me tomaba el batido. Después me pegaba dos vasos con agua para despejar el esofago y de paso para hidratarme; y salía corriendo para la casa de un amigo igual de langaruto que yo, y que estaba siguiendo el mismo tratamiento. Subiamos trotando hasta la cima de una montaña. De bajada haciamos pesas y barras en un parque. Después llegabamos a la casa, almorzabamos, haciamos la siesta, y después nos tomabamos otra vez el batido y saliamos al trote para una piscina; pues nos habían recomendado la natación ya que "ensancha el pecho y la espalda, y es el ejercicio más completo que existe". Nadabamos toda la tarde y después entrabamos a un baño turco para "limpiar los poros y mejorar la respiración". Y a las siete de la noche regresabamos a nuestras casas apenas con las fuerzas necesarias para comer y leer algo antes de quedarnos dormidos.
Después de mes y medio de andar en esas nos dimos cuenta que seguiamos igual de flacos y hasta más. Entonces nos dijimos: no hay nada que hacer, la malteada funciona sólo en ciertos organismos, y nosotros estamos condenados a ser unas garras! Decepcionados, abandonamos el deporte y volvimos a fumar y a pasarnosla de fiesta.
Saco del baúl de la memoria estas reminicensias porque me acabo de enterar que en el tiempo que llevo en Francia he aumentado cuatro kilos; y porque leímos en el periódico que según un documental, la pobreza en colombia ya es tanta, que hay madres que alimentan a sus hijos con papel periódico mojado en agua de panela, o con cubitos de caldo de galllina para que la sed que esto les produce los obligue a tomar agua todo el día y de esta manera puedan espantar el hambre.
Glosario:
Garra: Dícese, según el habla colombiana, de aquellas personas de pocas carnes que pesan y existen más por la presencia y el volumen de los huesos. De allí la expresión "flaca, botame un hueso".
Yupi: Ejecutivo joven que decide matarse trabajando para darse la "gran vida" en los ratos que le quedan libres. Compensa la desgracia de su existencia con un envidiable poder adquisitivo. Se dice que consumen cocaina.
