martes, julio 13, 2004
Llega un momento en la vida del hombre en que sin una taza de café no es nadie
Levantarse temprano en las mañanas es más un acto de sonambulismo que otra cosa, o después de almorzar más quiere uno irse a la cama que seguir el curso del día. Y si bien es cierto que no hay nada más saludable que dormir la siesta, el mundo moderno conspira contra ella. "La siesta o la vida!" Bajo esa amenaza se introduce uno en la edad adulta. Ah tiempos aquellos en que a pierna suelta se desentendía uno de los asuntos del mundo a la hora que fuera! Ah felices tiempos aquellos cuando la siesta era casi una segunda noche! De la falta de sueño es que proviene la ruina de nuestra época! Siendo que la mañana es tan odiosa, debería el hombre levantarse a las once del día, desayunar y almorzar todo en una, cumplir sus obligaciones por la tarde, y, después de una reparadora cena, aprovechar la complicidad de la noche para divertirse como quiera. Pero ya que el mundo es como es y no como debería ser. Ya que no es posible derrocar la tiranía de los madrugadores, bebamos café como alienados a ver si le damos la talla a las exigencias de la vida.
Andaba yo indeciso entre entregarme a soberanas siestas o sacar algún provecho de la luz del día. Y si bien mi conciencia me animaba a lo segundo, mi voluntad se inclinaba a lo primero, sin que pudiera yo ir en auxilio de aquella con un tinto o taza de café, pues es de anotar que no había cafetera en mi casa. Hasta que, reunido con otros colombianos, yo me quejé de mi carencia, y entonces uno de los presentes, Miguel, me dijo que él tenía una cafetera de sobra y al otro día me la dió. Y de dónde la sacó? Pues del mismo mágico, misterioso y fecundo cofre de donde ya ha sacado bicicletas, televisores, revistas, grabadoras, colchonetas y neveras. Del contenedor de la basura; pues si en Colombia la gente botara lo que botan por acá, el oficio de reciclador ya hace tiempos que ostentaría el título de doctor.
Y ahora, en las mañanas, mientras en los cuartos de los demás flotan vapores trasnochados y se escuchan carrasperas, en el mío se oye el ascenso del agua hirviendo y después se levanta un aroma dulce. Y adentro estoy yo en pijama empezando el día como un árabe alquimista.
Levantarse temprano en las mañanas es más un acto de sonambulismo que otra cosa, o después de almorzar más quiere uno irse a la cama que seguir el curso del día. Y si bien es cierto que no hay nada más saludable que dormir la siesta, el mundo moderno conspira contra ella. "La siesta o la vida!" Bajo esa amenaza se introduce uno en la edad adulta. Ah tiempos aquellos en que a pierna suelta se desentendía uno de los asuntos del mundo a la hora que fuera! Ah felices tiempos aquellos cuando la siesta era casi una segunda noche! De la falta de sueño es que proviene la ruina de nuestra época! Siendo que la mañana es tan odiosa, debería el hombre levantarse a las once del día, desayunar y almorzar todo en una, cumplir sus obligaciones por la tarde, y, después de una reparadora cena, aprovechar la complicidad de la noche para divertirse como quiera. Pero ya que el mundo es como es y no como debería ser. Ya que no es posible derrocar la tiranía de los madrugadores, bebamos café como alienados a ver si le damos la talla a las exigencias de la vida.
Andaba yo indeciso entre entregarme a soberanas siestas o sacar algún provecho de la luz del día. Y si bien mi conciencia me animaba a lo segundo, mi voluntad se inclinaba a lo primero, sin que pudiera yo ir en auxilio de aquella con un tinto o taza de café, pues es de anotar que no había cafetera en mi casa. Hasta que, reunido con otros colombianos, yo me quejé de mi carencia, y entonces uno de los presentes, Miguel, me dijo que él tenía una cafetera de sobra y al otro día me la dió. Y de dónde la sacó? Pues del mismo mágico, misterioso y fecundo cofre de donde ya ha sacado bicicletas, televisores, revistas, grabadoras, colchonetas y neveras. Del contenedor de la basura; pues si en Colombia la gente botara lo que botan por acá, el oficio de reciclador ya hace tiempos que ostentaría el título de doctor.
Y ahora, en las mañanas, mientras en los cuartos de los demás flotan vapores trasnochados y se escuchan carrasperas, en el mío se oye el ascenso del agua hirviendo y después se levanta un aroma dulce. Y adentro estoy yo en pijama empezando el día como un árabe alquimista.
domingo, julio 11, 2004
SOBRE LA GUERRA
Acabo de ver el documental Fahrenheit 9-11, y no dudo en decir que hay que verlo igual que digo que es una obligación leer el periódico del domingo o que es necesario desayunar. Es cierto que Michael Moore es un manipulador, que no es objetivo y que a veces cae en la frivolidad, pero al fin y al cabo la objetividad no existe, divertir no es pecado, y gracias a Dios él está de nuestro lado y dice las cosas que no se pueden callar. Por ejemplo: que en estos años los negocios de Mr Bush han causado muchisimo sufrimiento en el mundo; que el cuento de trasplantar la democracia en Medio Oriente carece de verosimilitud, sino ya hace tiempos que la familia Bush habría roto relaciones con la monarquia Saudí; que esta guerra ha sido un montaje y la Casa Blanca ya sabía que se iban a cometer los atentados; que la familia de Ben Laden está metida hasta el tuétano en las empresas de la familia Bush... Todo esto es escandaloso y es una vergüenza que siga pasando.
Me gustó mucho haber leído el domingo pasado en El espectador que Humberto de la Calle, quien hace un año era uno de los principales defensores de la desición de Alvaro Uribe Vélez de respaldar la guerra de Irak, ahora, después de haberse visto Farenheit 9-11 se haya visto en la necesidad de reconocer que ésta no fue una guerra justa... diría uno "mejor tarde que nunca", pero ya los muertos están bajo tierra.
Y ya que hablamos de Colombia, me pregunto en caso de que nuestros gobernantes vean la película, si acaso derramarán alguna lágrima o si sus católicas conciencias les dirán algo, después de ver las consecuencias de la carnicería en la que se involucraron. Pienso también en eso que pasa tanto en Colombia como en Estados Unidos y que Moore muy acertadamente señala: Los hijos de los políticos que defienden las soluciones bélicas a los conflictos no prestan el servicio militar ni van a combate, sino que son los jovenes sin recursos los que tienen que exponerse a perder la vida o cuando menos un brazo. Dice Moore que "la base de una sociedad jerarquizada es la desigualdad". Y esa frase cae como anillo al dedo para lo que pasa en Colombia, donde son unos los que hablan de la conveniencia de la guerra y a otros los que les toca sufrirla. Hace unos meses, cuando estaba en Colombia, un noticiero hizo el cubrimiento de una fiesta que se organizó en la Casa de Nariño en homenaje a las fuerzas armadas, y a la cual asistió todo el jet set criollo. Entonces el periodista, parado a la entrada, charlataneba un poco con los invitados, y entre otras cosas les preguntaba si habían prestado el servicio militar, y todos respondían con incomodidad que no. De lo cual se colige que el jet set no apoya verdaderamente y como debería ser a las fuerzas armadas, sino que tan sólo les brinda su agradecimiento por ser carne de cañón. Y eso es todo, ya que si a los ricos de Colombia le tocara ir a la guerra hace tiempos que Colombia sería un país en paz. Pues como canta el mozo que EL caballero de los leones se encuentra camino de la venta:
Para saber más:
Raed in the midle
Aljazeera
Iraqi civilian war casualties
Occupation watch
Today in Iraq
Bush Business
Bushflash
Acabo de ver el documental Fahrenheit 9-11, y no dudo en decir que hay que verlo igual que digo que es una obligación leer el periódico del domingo o que es necesario desayunar. Es cierto que Michael Moore es un manipulador, que no es objetivo y que a veces cae en la frivolidad, pero al fin y al cabo la objetividad no existe, divertir no es pecado, y gracias a Dios él está de nuestro lado y dice las cosas que no se pueden callar. Por ejemplo: que en estos años los negocios de Mr Bush han causado muchisimo sufrimiento en el mundo; que el cuento de trasplantar la democracia en Medio Oriente carece de verosimilitud, sino ya hace tiempos que la familia Bush habría roto relaciones con la monarquia Saudí; que esta guerra ha sido un montaje y la Casa Blanca ya sabía que se iban a cometer los atentados; que la familia de Ben Laden está metida hasta el tuétano en las empresas de la familia Bush... Todo esto es escandaloso y es una vergüenza que siga pasando.
Me gustó mucho haber leído el domingo pasado en El espectador que Humberto de la Calle, quien hace un año era uno de los principales defensores de la desición de Alvaro Uribe Vélez de respaldar la guerra de Irak, ahora, después de haberse visto Farenheit 9-11 se haya visto en la necesidad de reconocer que ésta no fue una guerra justa... diría uno "mejor tarde que nunca", pero ya los muertos están bajo tierra.
Y ya que hablamos de Colombia, me pregunto en caso de que nuestros gobernantes vean la película, si acaso derramarán alguna lágrima o si sus católicas conciencias les dirán algo, después de ver las consecuencias de la carnicería en la que se involucraron. Pienso también en eso que pasa tanto en Colombia como en Estados Unidos y que Moore muy acertadamente señala: Los hijos de los políticos que defienden las soluciones bélicas a los conflictos no prestan el servicio militar ni van a combate, sino que son los jovenes sin recursos los que tienen que exponerse a perder la vida o cuando menos un brazo. Dice Moore que "la base de una sociedad jerarquizada es la desigualdad". Y esa frase cae como anillo al dedo para lo que pasa en Colombia, donde son unos los que hablan de la conveniencia de la guerra y a otros los que les toca sufrirla. Hace unos meses, cuando estaba en Colombia, un noticiero hizo el cubrimiento de una fiesta que se organizó en la Casa de Nariño en homenaje a las fuerzas armadas, y a la cual asistió todo el jet set criollo. Entonces el periodista, parado a la entrada, charlataneba un poco con los invitados, y entre otras cosas les preguntaba si habían prestado el servicio militar, y todos respondían con incomodidad que no. De lo cual se colige que el jet set no apoya verdaderamente y como debería ser a las fuerzas armadas, sino que tan sólo les brinda su agradecimiento por ser carne de cañón. Y eso es todo, ya que si a los ricos de Colombia le tocara ir a la guerra hace tiempos que Colombia sería un país en paz. Pues como canta el mozo que EL caballero de los leones se encuentra camino de la venta:
A la guerra me lleva
mi necesidad;
si tuviera dineros,
no fuera, en verdad.
Para saber más:
Raed in the midle
Aljazeera
Iraqi civilian war casualties
Occupation watch
Today in Iraq
Bush Business
Bushflash
